Posteado por: victordetord | 24 abril, 2010

Manduca

Es increíble la de comida que se vende por la calle. No importa el barrio ni la zona, no tan así en el centro que está más regulado, y todo suele llevar un precio irrisorio similar, unos diez pesos (el dólar americano va a doce pesos).

He encontrado puestos de comida ‘rápida’ delante de supermercados, frente a restaurantes e, incluso, tres o cuatro en fila compitiendo por la misma clientela. Si te estás tomando algo en un bar y te pilla el punto, te sales a por cualquier cosa y en menos de cinco minutillos sacias el apetito por la mitad de la mitad de la mitad de lo que te habría costado en dicho local. Lo normal es que te den un platito de porexpán con su servilleta y que comas de pie y con las manos, pero los tenderetes más curraos disponen de una mesilla de playa y cuatro sillas por si uno quiere sentarse, además de una tele con fútbol o telenovela, y quizás un toldo. Ninguno escatima a la hora de echarle salsa picante o queso al pedido y, aunque sean más pobres que la mojama, nunca intentan timarte.

Acuden regularmente a la llamada de la gula callejera tipos trajeados, fans del reggeton en el móvil, obreros de manos empolvadas y gorrita, abuelos socarrones, niños con camiseta de fútbol, señoras modestas, ejecutivas cañón,  mendigos educados o un servidor, el único en esta ciudad que se pasea en pantalones cortos. Todo tipo de fauna hambrienta, sin importar su poder adquisitivo, su edad o su género, y a cualquier hora, vaya. Es como si los lugareños celebrasen permanentemente algún tipo de fiesta de barrio o romería, con varias paradas para comer a cada esquina, triciclos con enormes cestos que recorren las calles o camionetas en doble fila que llevan la banqueta trasera a rebosar de lo que sea; como si en otoño, en Barcelona, hubiesen media docena de puestos de castañas con neveras entre esquina y esquina, tanto en Diagonal o Mandri como en Zona Franca o Paseo Colón, hasta pasadas las dos de la mañana.

El otro día, me reía según Maria José me decía que el mejicano de a pie está así de hermoso por la dieta de la T: tacos, tortas y tamales. Pero también se pueden encontrar quiosquillos con mazorcas, todo tipo de fruta, pipas, repostería casera, quesadillas o chuches, además de vendedores ambulantes de refrescos. Lo único que no se permite vender fuera de un establecimiento, tristemente, es alcohol. Y digo tristemente porque no es lo mismo engullir un taco cerveza en mano que hacer lo propio sorbiendo de una fanta. Las quesadillas, a todo esto, son mi mayor perdición. Bon profit.

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