Posteado por: victordetord | 21 abril, 2010

The Press Room

Los días de partido, a eso de las 11 de la mañana, me visto desde la cama con la misma ropa de siempre y salgo cagando leches hacia el bar, despeinado, sin afeitar y bostezando bajo mis gafas de sol. Los habituales deben de pensar que sólo tengo un pantalón, dos zapatillas y una sudadera (tampoco van muy equivocados), porque siempre aparezco por ahí con las mismas pintas, enfundado en la camiseta Aladuix que me regalaron los colegas antes de partir hacia ésta mi aventura.

The Press Room es un pub inglés con mucha madera y ladrillo repleto de pantallas, decorado con camisetas de ídolos firmadas, un poster de George Best y la réplica de la copa del mundo. Es propiedad de ‘Rafs’, un tipo bajito y regordete de Manchester que pone fútbol a todas horas, por lo que se llena de seguidores del calcio, mejicanos, ingleses, algún español y, el otro día, hasta un francés. Con suerte, algún grupito de nenas despistadas se sienta a tomar unos Blodymarys y acaban siendo el alma de la fiesta pues no hay colega que no les suelte una frase memorable.

Como soy el único del Barça todo dios me saluda al entrar, aunque yo sólo me acuerdo de un par o tres de nombres, como el de la camarera o el de otros incondicionales. Tengo un amiguete seguidor del Chelsea que es clavadito al Chigrinskyi, el central, pero después de compartir barra durante tanto tiempo la verdad es que me da vergüenza preguntarle cómo cojones se llama, y hay otro moreno con rastas del Manchester que, en ocasiones, me hace ráfagas cuando nos cruzamos en el ‘bike path’. Incluso me ha cogido cariño un cuarentón de nombre Patrick, que la lió parda el día de su santo, patrón de irlandeses etílicos, porque a la que entro por la puerta con mi camiseta Unicef deja cualquier conversación que esté manteniendo para venir a beber conmigo. Ni que tuviera yo tetas. El otro día me repitió hasta cuatro veces seguidas que se iba a Munich a ver el partido de cuartos de la Champions League. Me cae de puta madre, qué duda cabe.

Normalmente, me gasto veinte dólares de media en pintas Newcastle y juro siempre en español o catalán, cosa que a los feligreses les hace bastante gracia. Supongo que ser del Barça está de moda porque a veces aparece uno con la segunda equipación, esa de color rosa hortera (o mango, como dicen los pijos), y si le das conversación en seguida te das cuenta de que de español, en efecto, más bien ni papa.

El otro día, con motivo de la roja a Puyol, uno del Arsenal me tuvo que dar la razón para que no subiera de tono mi ‘¡No me jodas, tío!’ en respuesta a su ‘¡Tranquilo, hombre!’. El bar se había quedado mudo durante aquel impass y en seguida otro mucho más hábil dijo ‘Verás como Valdés la para’ a lo que no pude evitar sonreír y todo hubo terminado. Me alegro de no haberla cagado porque es el único sitio que dan la liga española y el único lugar en el que me dan la bienvenida a cada vez como si me hubiesen echado verdaderamente de menos. Incluso, en ocasiones, me ponen el partido aunque sólo yo vaya a verlo, como este próximo fin de semana que seguro que nadie más habrá amanecido con la intención de descubrir la propuesta futbolística del Atlético de Bilbao, con todos mis respetos.

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